- El desfile de mandatarios por la capital china refleja un retorno a los vínculos bilaterales de alto nivel como respuesta directa a la “crisis del multilateralismo”, explicó la analista Constanza Jorquera.
Más de una veintena de líderes mundiales —incluyendo a Donald Trump (EE.UU.), Vladimir Putin (Rusia) y Kim Jong-un (Corea del Norte)— han desfilado por Beijing en los últimos meses.
Este fenómeno, bautizado por analistas internacionales como la “Xi-plomacy” (Xi-plomacia), evidencia un cambio profundo en el tablero internacional: ante la erosión de los foros multilaterales y la errática política exterior de las potencias occidentales, el mundo está optando por un pragmático retorno a las relaciones bilaterales de alto nivel, teniendo a China como el principal polo de estabilidad.
En conversación con Efecto China, la cientista política Constanza Jorquera, doctora en Estudios Americanos y profesora de la Universidad Diego Portales, afirmó que las masivas visitas de jefes de Estado a la capital china no son casualidad, sino una respuesta directa a una “crisis del multilateralismo” y a las impredecibles directrices que emanan desde la Casa Blanca.
“Estas visitas reflejan cierto ajuste selectivo y controlado por parte de los líderes globales y los países que están visitando China para tener un mayor margen de maniobra ante la creciente incertidumbre política que presenta Estados Unidos en el sistema internacional”, explicó la académica.
Citando el mensaje que el primer ministro canadiense, Mark Carney, dio en 2025 en el Foro de Davos, Jorquera añadió que “ante una crisis de reglas y normas, cada uno se tiene que ver por sí mismo y vemos que se da una dinámica —en vez de instalar discusiones o acuerdos en foros multilaterales— de manera bilateral. Eso genera que estos países busquen mantener abiertos los canales de comunicación con China, porque eso se considera más beneficioso que un distanciamiento“.
“También vemos que por parte de China hay ciertos ajustes selectivos en su política exterior que son más evidentes, y la política exterior estadounidense se vuelve cada vez menos predecible, sobre todo en un escenario de conflicto, crisis, aranceles y otros”, agregó la especialista.
“Algunos medios le llaman como la Xi-plomacy o la Xi-plomacia: una ola de compromisos de alto nivel y un mensaje bastante claro en un panorama que es muy turbulento y cambiante. China se ve como un socio estratégico que brinda estabilidad, certeza y que impulsa a estos países a buscar oportunidades de cooperación y de crecimiento“, puntualizó.
El liderazgo de Xi
El magnetismo diplomático de Beijing también se sostiene sobre la fisonomía del poder interno de China. Jorquera señaló “se rearticula un liderazgo bastante fuerte: no habíamos visto otro líder que tuviera tanto poder a nivel de cargos, atribuciones o proyectos globales a largo plazo desde Mao o Deng Xiaoping“.
“Vamos viendo que con la llegada de Xi Jinping se establece su pensamiento, que también se incorpora a la Constitución, e instala esta idea del ‘sueño chino’, cuyo espejo sería la Comunidad de Futuro Compartido para la Humanidad o la Iniciativa la Franja y la Ruta. Se ve como un líder que piensa y reflexiona China desde sus propias raíces. Hay un rescate también histórico del pensamiento, de la cultura, y exporta y atrae un liderazgo que es fuerte pero que está muy arraigado al propio pensamiento filosófico y cultural chino, que se ve bastante estoico, bastante mesurado y capaz de ofrecer una alternativa”, detalló la académica.
“Lo que el mundo más necesita hoy en día es certeza y una capacidad de visión. Obviamente genera mayor atracción respecto a qué representa el proyecto chino y el modelo de desarrollo chino a largo plazo, que vemos que ha sido bastante exitoso. Entonces, vemos que todos estos líderes giran y dicen: ‘bueno, aquí hay una gran estrategia, hay un proyecto global por parte de China, y quizás sería buena idea rediseñar e intensificar los intercambios y mantener una comunicación más frecuente”, sostuvo.
Chile y el resto de América Latina
Finalmente, la analista internacional manifestó su preocupación por la falta de una estrategia unificada en el cono sur para relacionarse con la potencia asiática. Aunque rescató gestos políticos de envergadura, como el llamado telefónico del pasado 23 de enero entre Xi y el presidente brasileño, Lula da Silva, acusó una profunda desarticulación continental.
“Estamos en una situación regional de bastante turbulencia, porque estamos viendo giros políticos importantes. Pienso que hay que hacer una reflexión respecto a cuál es la política exterior de los nuevos liderazgos, porque estamos en una situación, yo diría hace bastante tiempo, de fragmentación regional que considero grave, porque no veo que haya una sola voz o una posición regional respecto no solamente a China, sino que a las grandes potencias“, advirtió.
En el plano chileno, Jorquera señaló que “más allá de la diplomacia comercial, o que China sea nuestro primer socio comercial y que somos socios estratégicos en un lugar bastante alto, con los avances de la relación bilateral, no veo o no vislumbro que al menos en esta Administración haya una posición específica respecto a China o declaraciones o una intención de viaje. No hay que olvidar que en la Administración anterior el presidente (Gabriel) Boric se reunió cuatro veces con el presidente Xi”, recordó.