Por: Felipe Enero Segovia
La inteligencia artificial promete elevar fuertemente la productividad, pero también puede profundizar la desigualdad y destruir empleos. Algunos escenarios, como el más extremo publicado recientemente por la empresa Anthropic, plantean que, de aquí a 2030, podría desarrollarse una situación de desempleo masivo, con una tasa del 11,9% a nivel global (actualmente es del 4,8%, de acuerdo con la OIT), peor que la registrada durante una recesión típica. A su vez, la proporción de la renta nacional que perciben los trabajadores podría bajar del 60% al 45,2%, mientras que la correspondiente al capital aumentaría en más de un 80%.
En este contexto, China parece estar tomándose el tema muy en serio. Pese a que en 2025 la economía china creció cerca de un 5% (por sobre el promedio mundial del 3%), el Gobierno chino reconoció expresamente que la inteligencia artificial puede sustituir masivamente empleos tradicionales y acelerar los desajustes del mercado laboral. En relación con ello, la respuesta de Beijing no ha consistido en frenar la automatización, sino en combinarla con reconversión laboral, subsidios a la contratación, crédito público, inversión productiva y políticas fiscales capaces de financiar esa transición.
Solo considerando iniciativas del Gobierno central, podemos identificar buenas prácticas que pueden ser útiles en el contexto chileno. Uno de sus principales programas es “Skills Illuminate the Future”, que entre 2025 y 2027 busca realizar más de 30 millones de capacitaciones subvencionadas, un volumen equivalente a cerca del 4% de la fuerza laboral china. La formación se diseña en función de la demanda real de cada empresa, priorizando ámbitos como economía digital, economía verde, manufactura avanzada, silver economy -a propósito del rápido envejecimiento poblacional- y nuevas ocupaciones.
China también está subsidiando a las empresas que mantienen o amplían sus plantillas, especialmente cuando contratan a jóvenes y grupos con dificultades de inserción. Paralelamente, se está utilizando crédito público para apoyar a pequeños negocios y emprendimientos. A nivel nacional, los préstamos subvencionables suelen alcanzar los US$42.000 por emprendedor individual y hasta US$560.000 para mipymes, con plazos de pago de hasta tres años y tasas de interés de entre un 1,75% y un 2,75% anual.
A esto se suma un elemento especialmente interesante. En 2026, China creó un sistema interministerial para anticipar qué tecnologías, sectores y ocupaciones pueden destruir o crear empleos. A su vez, la propia inteligencia artificial se está utilizando para mejorar los servicios públicos de empleo, conectar a trabajadores con empresas, orientar procesos de reconversión, analizar trayectorias laborales y detectar tempranamente situaciones de desempleo.
Además, si consideramos políticas subnacionales, como las del municipio de Chongqing -con una población de 30 millones de habitantes y un nivel de desarrollo relativo, medido por PIB per cápita, muy similar al de Chile-, podemos encontrar prácticas muy interesantes. En julio de 2026, la Oficina Municipal de Recursos Humanos y Seguridad Social y la Oficina de Finanzas aprobaron 12 medidas específicas para apoyar el microemprendimiento local, con la entrega masiva de subsidios iniciales de hasta 8.000 RMB (aproximadamente 1.000 dólares), acceso a crédito garantizado, apoyo en contabilidad y herramientas digitales, incubación, formación, facilitación de espacios de trabajo y conexión con proveedores.
La meta es realizar, entre 2026 y 2030, al menos 150.000 capacitaciones profesionales subvencionadas por año, conceder 15.000 millones de RMB (US$2.236 millones) en préstamos garantizados para emprendimientos y atender a más de 200.000 emprendedores.
Cabe señalar que nada de esto es barato. En 2025, China movilizó alrededor de 6,4 billones de yuanes, unos US$900.000 millones, en infraestructura, modernización productiva, consumo y otras políticas de promoción económica, una cifra equivalente a aproximadamente el 4,6% de su PIB. No todo este gasto está relacionado directamente con la inteligencia artificial, pero sí muestra la escala del esfuerzo público destinado a fortalecer su estructura productiva y laboral.
A nivel comparativo, en 2025 el gasto total del Gobierno chileno en promoción económica -transporte, agricultura, energía, minería, manufactura, construcción, comunicaciones, I+D económica y asuntos comerciales y laborales- fue equivalente al 10,9% del gasto total: unos US$9.500 millones, que representan alrededor del 2,65% del PIB.
Cabe destacar que, para financiar este esfuerzo, China también ha reforzado su capacidad recaudatoria. Desde 2025, el Gobierno chino ha aumentado el control sobre la evasión, la economía de plataformas, los contribuyentes de altos ingresos y los activos financieros mantenidos en el exterior. Gracias a la inexistencia de un secreto bancario absoluto, las autoridades tributarias y regulatorias han logrado desplegar mayores esfuerzos humanos y tecnológicos para aumentar la trazabilidad de rentas y patrimonios.
En ese sentido, el contraste con Chile debería preocuparnos. Nuestro país enfrentará la misma revolución tecnológica, pero desde una posición más vulnerable: menor sofisticación productiva, bajo crecimiento de la productividad, mayor fragilidad laboral y menor capacidad fiscal. Sin embargo, el Gobierno del Presidente José Antonio Kast está impulsando un proceso de ajuste que, preliminarmente, va a contracorriente de las tendencias observadas en las economías de ingresos medios-altos con mayor crecimiento económico.
Las rebajas tributarias a grandes empresas y contribuyentes individuales de alto patrimonio podrían debilitar las capacidades necesarias para enfrentar una transformación tecnológica que exigirá más inversión en formación, innovación, reconversión laboral y protección social. A ello se suma la persistencia del secreto bancario, que sigue limitando la capacidad del Estado para seguir determinados flujos financieros y combatir la evasión y la elusión con mayor eficacia.
El desafío es aún mayor cuando observamos el desempeño del sistema educativo. Entre 2022 y 2025, Chile retrocedió nueve puntos en matemáticas y 12 puntos en lectura, mientras que en ciencias se mantuvo prácticamente estancado. Además de las enormes brechas frente a economías avanzadas, se identifican diferencias respecto de algunas economías con un nivel de desarrollo relativo muy inferior. Por ejemplo, Vietnam alcanzó 457 puntos en ciencias y el 58% de sus estudiantes logró al menos el nivel básico de competencia matemática, resultados superiores a los de Chile.
Esto significa que Chile no solo deberá proteger a los trabajadores desplazados por la IA, sino que también tendrá que preparar a una población que hoy presenta importantes brechas cognitivas. Por lo tanto, el esfuerzo público y privado necesario debería ser mayor, no menor. Ahora bien, no se trata de copiar el modelo de China o de otros países emergentes ni de sostener que todo deba financiarse mediante gasto público, pero la era de la inteligencia artificial probablemente requerirá Estados más capaces, sistemas educativos más fuertes y una mayor capacidad para recaudar y redistribuir, no simplemente Estados más pequeños.