El 26 de agosto de 2026, parte de un glaciar de gran altitud en Nepal se desplomó de forma repentina. En solo siete minutos, la masa de hielo y escombros recorrió 20 kilómetros de distancia y un desnivel de casi 3.300 metros, convirtiéndose en un flujo de lodo que arrasó el puerto fronterizo de Gyirong, en la región autónoma china de Xizang, dejando víctimas y desaparecidos a ambos lados de la frontera.
Una velocidad “extraordinaria”
Según Guo Zhaocheng, ingeniero del Centro de Estudios Aerogeofísicos y Teledetección de Recursos Naturales de China, el colapso comenzó a las 10:52 horas y el flujo de escombros alcanzó el puerto fronterizo a las 10:59. El experto explicó que, considerando la distancia recorrida, “estimamos una velocidad media de unos 50 metros por segundo. Es una velocidad extremadamente alta. La población apenas tuvo tiempo para reaccionar”.
Benjamin P. Horton, decano de la Facultad de Energía y Medio Ambiente de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, detalló que se trató de un deslizamiento compuesto por lodo, nieve y rocas que llegó a alcanzar los 160 kilómetros por hora. Según el académico, el Himalaya es una región tectónicamente activa donde los deslizamientos no son inusuales, pero “lo excepcional en este caso es su magnitud”.
Operación de rescate contrarreloj
Por encargo del presidente Xi Jinping, el primer ministro Li Qiang se trasladó al distrito de Gyirong para supervisar personalmente las labores de emergencia. Hasta las 9 de la mañana del 28 de agosto, 1.386 efectivos y más de 570 equipos de rescate ya operaban en la zona, avanzando por vía acuática, terrestre y aérea.
Chen Hongqi, ingeniero del Centro de Orientación Técnica para Desastres Geológicos del Ministerio de Recursos Naturales, señaló que las operaciones enfrentan múltiples obstáculos: el caudal cambiante de las zonas altas, vías de acceso estrechas por tratarse de un valle fluvial, terreno saturado que dificulta el paso de maquinaria pesada, y el riesgo de inestabilidad en laderas y carreteras por la erosión.
Qué cambia con el calentamiento global
El episodio se suma a otros desastres similares registrados en los últimos años: en febrero de 2021, un alud de rocas y hielo en Chamoli, India, dejó más de 200 muertos y desaparecidos; en mayo de 2025, el desprendimiento del glaciar Birch sepultó gran parte de Blatten, en Suiza, aunque en ese caso los sistemas de alerta permitieron evacuar a la población a tiempo.
Mathias Vuille, académico del Departamento de Ciencias Atmosféricas y Ambientales de la Universidad de Albany, sostuvo que “numerosos estudios científicos demuestran claramente que el cambio climático está creando unas condiciones que favorecen la aparición de más fenómenos de este tipo en las montañas”. Según explicó, las montañas se calientan más rápido que el resto del planeta, lo que acelera el deshielo del permafrost y la formación de lagos proglaciares, capaces de romper sus barreras naturales y liberar grandes volúmenes de agua y escombros valle abajo.
La UNESCO proyecta que, hacia 2050, un tercio de los sitios de Patrimonio Mundial con glaciares podría perderlos por completo, sin importar el escenario climático que se cumpla.
El impacto que no conoce fronteras
“El clima de 2026 es el peor que ha experimentado mi generación, pero será el mejor que experimente la generación más joven”, advirtió Horton, quien llamó a actuar con mayor rapidez frente a la crisis climática: “No podemos limitarnos a adaptarnos (…) Sabemos cuál es el problema. Tenemos las soluciones. Solo tenemos que actuar”.
El desastre entre China y Nepal vuelve a poner sobre la mesa un mensaje que se repite en cada tragedia de este tipo: el cambio climático no distingue fronteras, y el colapso de un glaciar puede transformar la vida de una comunidad en cuestión de minutos.