- Porque en un mundo cada vez más interconectado, entender China ya no es una opción reservada para expertos. Es una necesidad estratégica para Chile.
Entender a China para entender el mundo
Hace siete años tomé una decisión que cambiaría mi vida profesional y personal: comenzar a estudiar China de manera sistemática. Y hago aquí una aclaración necesaria: no soy sinólogo ni pretendo presentarme como tal. Soy, simplemente, un periodista curioso que encontró en China una fuente inagotable de aprendizaje y estudio. Lo que inicialmente surgió como una inquietud profesional antes de mi primer viaje a Beijing, terminó transformándose en una convicción mucho más profunda. Comprendí que, para entender buena parte de las transformaciones económicas, tecnológicas, políticas y culturales del siglo XXI, era indispensable entender a China.
Desde entonces he tenido la oportunidad de viajar en otras oportunidades al gigante asiático, recorrer distintas provincias y conocer algunas de sus ciudades, participar en importantes eventos políticos y académicos, y observar de primera fuente un proceso de transformación que no tiene comparación en la historia contemporánea.
Sin embargo, mientras más aprendía sobre China, más evidente se hacía una realidad: en Chile todavía contamos con muy pocos especialistas capaces de analizar el país desde una perspectiva profunda, multidisciplinaria y contextualizada.
Y esa es precisamente una de las razones por las que hoy considero que la sinología debe convertirse en una prioridad para nuestro país.
La sinología suele definirse como el estudio académico de China, su historia, lengua, cultura, filosofía, política y sociedad. Pero en el mundo actual, esa definición resulta insuficiente.
Hoy la sinología no puede limitarse únicamente a las universidades o a los centros de investigación. China es demasiado importante para ser estudiada exclusivamente desde una disciplina o desde un grupo reducido de expertos.
Necesitamos una sinología más amplia, más abierta y más conectada con los desafíos del siglo XXI.
Necesitamos periodistas que comprendan China más allá de los titulares. Necesitamos empresarios capaces de interpretar las dinámicas culturales que influyen en los negocios. Necesitamos profesores que puedan enseñar sobre Asia con conocimiento actualizado. Necesitamos científicos, ingenieros, abogados, economistas y profesionales de distintas áreas que incorporen una mirada informada sobre China en su trabajo cotidiano.
Porque China ya no es un tema lejano.
China es el principal socio comercial de Chile. Es uno de los principales actores en materias como inteligencia artificial, energías renovables, infraestructura, comercio electrónico, manufactura avanzada y desarrollo tecnológico. Es además un actor cada vez más relevante en la gobernanza global y en los debates sobre el futuro del orden internacional.
Y, sin embargo, seguimos teniendo un déficit importante de conocimiento especializado.
A través del proyecto Efecto China de Radio Cooperativa hemos tenido la oportunidad de conversar con expertos, autoridades, académicos y ciudadanos interesados en comprender mejor al gigante asiático. Una de las conclusiones que se repite constantemente es que existe un enorme interés por China, pero todavía faltan espacios sistemáticos de formación y análisis.
Muchas veces el debate sobre China en América Latina queda atrapado entre visiones excesivamente optimistas o excesivamente críticas. Se observa al país desde categorías que no siempre permiten comprender su complejidad.
La realidad es que China es un fenómeno demasiado importante para ser abordado desde caricaturas o simplificaciones. Comprender China exige estudio, paciencia y disposición a cuestionar nuestros propios supuestos, y alejarnos de las caricaturas.
Exige reconocer que estamos frente a una civilización con miles de años de historia, una cultura política particular, una experiencia de desarrollo única y una visión estratégica de largo plazo que muchas veces difiere de las lógicas predominantes en Occidente.
Por eso creo que América latina, y Chile en particular, necesitan construir una nueva generación de especialistas en China. No se trata de promover una visión favorable o desfavorable del país. Se trata de fomentar el conocimiento. Porque el conocimiento es la mejor herramienta para tomar decisiones informadas.
Desde esa convicción surge también el trabajo que estamos impulsando desde el Consejo Sino-Chileno de Sinología encabezado por el ex embajador de Chile en China, Fernando Reyes Matta en la presidencia, y por mí desde la secretaría general.
Nuestro objetivo no es únicamente fortalecer la investigación académica. Aspiramos a construir una comunidad amplia y diversa de personas interesadas en comprender China desde múltiples perspectivas.
Queremos reunir académicos, estudiantes, periodistas, profesionales, investigadores y representantes de distintas instituciones que compartan el interés por generar conocimiento riguroso sobre China y las relaciones sino-chilenas.
Creemos que Chile necesita desarrollar capacidades propias para interpretar los cambios que están ocurriendo en Asia y particularmente en China.
No basta con traducir análisis producidos en otras partes del mundo. Debemos generar nuestras propias miradas, nuestras propias preguntas y nuestras propias respuestas.
Chile posee una relación privilegiada con China que se ha construido durante décadas. Fuimos el primer país sudamericano en establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China, el primero en apoyar su ingreso a la Organización Mundial del Comercio y el primero en firmar un Tratado de Libre Comercio.
Sin embargo, los vínculos económicos avanzaron mucho más rápido que nuestro conocimiento sobre la sociedad china. Hoy tenemos la oportunidad de reducir esa brecha.
Mi experiencia personal me ha enseñado que la mejor forma de comprender China es acercarse a ella con curiosidad intelectual y con voluntad de aprendizaje.
He conocido profesores universitarios, científicos, funcionarios públicos, emprendedores, trabajadores, estudiantes y ciudadanos comunes que me han permitido observar dimensiones de China que rara vez aparecen en los titulares internacionales.
He visto una sociedad diversa, compleja y en constante transformación. He visto desafíos, contradicciones y debates internos. Pero también he visto una enorme capacidad de planificación, innovación y adaptación.
Todo ello refuerza mi convicción de que necesitamos más especialistas capaces de interpretar esa realidad con profundidad y matices.
La sinología no debe ser entendida como un ejercicio de admiración ni de crítica permanente. Debe ser entendida como una herramienta para comprender.
Porque en un mundo cada vez más interconectado, entender China ya no es una opción reservada para expertos. Es una necesidad estratégica para Chile.
Y mientras más personas se sumen a este esfuerzo, más preparados estaremos para enfrentar los desafíos y aprovechar las oportunidades que nos presenta el siglo XXI.