- Mientras China incorpora el turismo como parte de su estrategia de desarrollo hacia 2030, facilita el ingreso de visitantes extranjeros y busca mejorar su conectividad con el mundo.
- Para Chile, después de más de medio siglo de relaciones diplomáticas y veinte años de Tratado de Libre Comercio, aparece una oportunidad para profundizar un vínculo que ya no debería medirse solamente en exportaciones e importaciones.
China puede sorprender a quien la visita por primera vez. En un mismo viaje es posible encontrarse con ciudades que parecen adelantadas varios años al resto del mundo y, pocas horas después, caminar por lugares que conservan siglos de historia. Shenzhen representa muy bien esa primera imagen: tecnología, autos eléctricos, inteligencia artificial, robótica y manufactura avanzada conviven con una velocidad para desarrollar nuevos negocios que impresiona incluso a quienes viajamos frecuentemente al país. Pero existe también la China de Beijing (Pekín), la Ciudad Prohibida y la Gran Muralla; el Ejército de Terracota en Xi’an; los templos y ciudades que permiten acercarse a una civilización de miles de años. Incluso Shanghai, símbolo del desarrollo económico chino, permite observar esa convivencia entre historia, comercio y modernidad.
Son distintas Chinas dentro de un mismo país y esa diversidad comienza a formar parte de su estrategia turística. Durante el XV Plan Quinquenal, correspondiente al período 2026-2030, China ha puesto el turismo entre sus prioridades y se ha propuesto avanzar hacia la construcción de una potencia turística. Entre sus objetivos aparecen la integración entre cultura y turismo, la mejora de los servicios, una mayor apertura internacional y la facilitación de los viajes hacia el país. Hacia 2030, China proyecta alcanzar 190 millones de visitas de turistas internacionales al año y superar los US$150.000 millones en gasto turístico receptivo. El turismo aparece así como actividad económica, herramienta de intercambio cultural y una nueva forma de relacionarse con el mundo.
Viajar para conocer y también para hacer negocios
Para Chile existe un componente especialmente interesante. Actualmente, los ciudadanos chilenos pueden ingresar a China sin solicitar previamente una visa para estadías de hasta 30 días por motivos que incluyen turismo y negocios. La medida, vigente hasta fines de 2026 según la información oficial disponible, simplifica considerablemente un viaje que hasta hace pocos años requería más trámites y planificación. A eso se suma la APEC Business Travel Card, especialmente útil para empresarios y ejecutivos que viajan regularmente dentro de las economías participantes.
Estas medidas coinciden con un escenario internacional en el que las grandes economías están adoptando estrategias diferentes frente al ingreso de extranjeros. Estados Unidos continúa siendo un destino accesible para los chilenos gracias al Visa Waiver Program y la autorización ESTA, aunque al mismo tiempo ha reforzado durante 2026 mecanismos de revisión para determinadas categorías migratorias. China, en cambio, ha ampliado las exenciones de visa para numerosos países y está utilizando la facilitación del ingreso como parte de su estrategia para aumentar el turismo internacional. Más que establecer qué país es más abierto, resulta interesante observar la dirección de estas políticas y cómo China está intentando reducir algunas de las barreras que durante años hicieron que viajar al país pareciera más complejo.
Para quienes hacemos negocios con China, esta apertura tiene otra dimensión. Miles de empresarios viajan para visitar la Feria de Cantón, recorrer mercados especializados, conocer fábricas, buscar proveedores o participar en ferias sectoriales. Guangzhou, Shenzhen, Shanghai y Yiwu se han convertido en destinos habituales para quienes trabajan en comercio exterior. Sin embargo, viajar solamente para comprar productos significa desaprovechar una parte importante de la experiencia. Una comida con un proveedor, recorrer una ciudad, conocer su historia o comprender la importancia de las relaciones personales permite aproximarse de otra manera a una sociedad donde la confianza y los vínculos de largo plazo siguen teniendo un peso importante.
Lo mismo ocurre para quienes quieren vender. Chile ha construido durante décadas una relación comercial privilegiada con China. Nuestro país fue pionero en Sudamérica al establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China en 1970 y uno de los hitos posteriores fue el Tratado de Libre Comercio, vigente desde octubre de 2006 y posteriormente profundizado. China terminó convirtiéndose en nuestro principal socio comercial. Cobre, litio, celulosa y otras materias primas conviven con productos que han conseguido construir una posición reconocida entre los consumidores chinos. Las cerezas son probablemente el ejemplo más visible, pero también están el vino, la uva y otros alimentos que han encontrado oportunidades en un mercado de más de 1.400 millones de habitantes.
El turismo también puede viajar hacia Chile
El siguiente paso requiere algo más que enviar productos. Para vender en China también necesitamos conocer China, entender sus ciudades, consumidores, plataformas digitales, hábitos y cultura. Viajar se transforma entonces en una forma de conocer el mercado. Pero esta relación tiene otra cara que todavía presenta un enorme potencial: conseguir que más ciudadanos chinos conozcan Chile.
Nuestro país recibió más de seis millones de turistas extranjeros durante 2025, pero la participación de visitantes provenientes de China continúa siendo pequeña en comparación con el tamaño de ese mercado. La distancia juega en contra y la conectividad aérea será uno de los elementos determinantes para desarrollar esta nueva etapa.
Ya existen señales interesantes. China Eastern comenzó a operar en diciembre de 2025 la ruta Shanghai-Auckland-Buenos Aires, conectando China y Sudamérica a través del Pacífico Sur. El vuelo demora alrededor de 25 horas y media entre Shanghai y Buenos Aires, incluida la escala en Auckland y sin necesidad de cambiar de avión, reduciendo en varias horas los itinerarios tradicionales que conectaban ambos mercados a través de Europa o Norteamérica. Para un pasajero que inicia su viaje en Santiago, sumando el tramo hasta Buenos Aires y una conexión eficiente, esta nueva alternativa podría situar el viaje total hacia Shanghai en torno a las 29 a 32 horas. Sigue siendo una distancia considerable, pero comienza a cambiar la manera en que podemos conectarnos con Asia.
Existe además una autorización de la autoridad aeronáutica china para que China Eastern pueda operar hasta tres frecuencias semanales en una eventual ruta Shanghai-Auckland-Santiago. Esto todavía no significa que tengamos un vuelo confirmado hacia Chile, pero muestra que Santiago ya aparece dentro de las posibilidades de desarrollo de una conexión que hace algunos años parecía mucho más distante. Esperemos que las autoridades, el sector privado y las compañías aéreas puedan trabajar para hacer viable una conexión más rápida y eficiente, capaz de facilitar turismo, negocios, intercambios académicos e inversiones.
Chile tiene mucho que ofrecer. Para un visitante chino, nuestro país presenta una diversidad difícil de encontrar concentrada en un mismo territorio: el desierto de Atacama y sus cielos privilegiados para la astronomía, la cordillera de los Andes, Santiago y su cercanía con los valles vitivinícolas, Valparaíso, la Patagonia, los glaciares y Rapa Nui. A esto podemos sumar nuestra gastronomía, nuestros vinos y una industria enoturística con posibilidades reales de vincularse con viajeros interesados en conocer experiencias, productos y culturas diferentes.
Acortar una distancia que no es solamente geográfica
China puede convertirse en un mercado turístico mucho más importante para Chile, pero eso exige preparación. No basta con esperar la llegada de visitantes. Se necesita promoción en China, información en mandarín, operadores preparados, conocimiento de sus medios de pago y plataformas digitales, y una estrategia de conectividad que acompañe ese crecimiento. Del mismo modo, las nuevas facilidades para ingresar a China representan una oportunidad para que más chilenos descubran un país que durante demasiado tiempo hemos observado principalmente como fábrica, proveedor o comprador de nuestras materias primas y alimentos.
Después de más de medio siglo de relaciones diplomáticas y veinte años de Tratado de Libre Comercio, existe espacio para una relación mucho más amplia. China está abriendo sus puertas al turismo internacional mientras desarrolla infraestructura, facilita el ingreso de extranjeros y mejora su conectividad con diferentes regiones del mundo. Para los chilenos significa descubrir esas distintas Chinas que conviven dentro de un mismo país: la tecnológica de Shenzhen, la comercial de Guangzhou, la cosmopolita Shanghai y aquella China milenaria que encontramos frente a la Gran Muralla o al Ejército de Terracota. Para los viajeros chinos significa descubrir un país ubicado al otro lado del Pacífico con el que mantienen una relación histórica y comercial consolidada, pero que todavía tiene mucho por mostrarles.
Chile y China ya demostraron que la distancia no ha sido un impedimento para comerciar durante décadas. El desafío de esta nueva etapa es aprovechar el turismo, la cultura y una mejor conectividad para que esa distancia también comience a acortarse entre las personas.