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Chile y China: Diez años de una asociación que va más allá del comercio

  • La primera cápsula de esta serie de Efecto China repasa los avances en ciencia, educación y energía, junto con los desafíos para agregar valor a las exportaciones y fortalecer la cooperación bilateral.

En 2026 se cumplen diez años de la Asociación Estratégica Integral entre Chile y China, una categoría diplomática que amplió la cooperación bilateral más allá del comercio y abrió una agenda que incluye inversiones, ciencia, tecnología, educación, cultura y energía.

En la primera cápsula de esta serie de Efecto China, el periodista Fabián Pizarro Arcos explica que el concepto refleja la importancia que ambos países asignan a mantener una relación estable y permanente. “La palabra ‘integral’ indica que no se limita al comercio: también incluye inversiones, ciencia, tecnología, educación, cultura, agricultura, energía, diálogo político y cooperación internacional”, señala.

La asociación fue establecida en noviembre de 2016, durante la visita de Estado del presidente Xi Jinping a Chile, cuando Michelle Bachelet ejercía la Presidencia de la República. No constituye un nuevo tratado ni obliga al país a alinearse automáticamente con China en términos políticos: expresa un nivel elevado de confianza y permite ampliar la cooperación existente.

El vínculo tenía una trayectoria previa: Chile estableció relaciones diplomáticas con la República Popular China en 1970, mientras que el Tratado de Libre Comercio entró en vigor en 2006. La nueva categoría llevó esa relación a una etapa más amplia.

Del comercio a los buses eléctricos

Entre los avances de esta década, el director de Efecto China destaca la consolidación de China como principal socio comercial de Chile y mayor destino de sus exportaciones. En 2025 concentró el 33,3% del intercambio comercial chileno y el 36,8% de las exportaciones de bienes.

A ello se suman la profundización del TLC, el aumento de los envíos de cobre, cerezas, vino, carne y otros alimentos, y el crecimiento de las inversiones chinas en electricidad, infraestructura, servicios financieros y tecnología.

La cooperación también tiene expresiones cotidianas. Santiago pasó de una presencia incipiente de buses eléctricos a operar alrededor de 4.400 en 2026, en su mayoría fabricados en China.

En paralelo, se ampliaron los vínculos científicos y universitarios, hubo coordinación durante la pandemia y se alcanzaron acuerdos en economía digital, agricultura, innovación y transición energética.

Los desafíos de la próxima etapa

El balance también identifica tareas pendientes. La relación continúa concentrada en materias primas, por lo que Chile necesita agregar valor a sus exportaciones y atraer inversiones que transfieran conocimiento, además de fortalecer el entendimiento entre ambas sociedades.

Para Pizarro, evaluar esta asociación exige mirar más allá de las cifras comerciales: “Se mide por la capacidad de sostener el diálogo pese a los cambios de gobierno, diversificar la cooperación y producir beneficios concretos para las personas”.

Desde esa perspectiva, la década deja avances relevantes y una agenda todavía abierta para ampliar los beneficios de la cooperación bilateral.