- Actualmente, el realizador audiovisual Nicolás Astudillo cursa estudios de mandarín a tiempo completo en la U. de Tongji.
El camino de los profesionales chilenos hacia el extranjero suele abrirse en latitudes occidentales, pero para el realizador audiovisual Nicolás Astudillo, el destino aguardaba en el Lejano Oriente.
Radicado desde el año pasado en Shanghái junto a su esposa, el profesional compartió en Efecto China de Cooperativa los motivos y las decisiones personales que lo llevaron a cruzar el planeta para reinventarse en una de las economías más dinámicas del mundo.
El interés inicial de Nicolás por la cultura china comenzó de manera sutil mientras se desempeñaba en la corresponsalía de una cadena de prensa internacional, lo que le permitió vislumbrar “otro lado del mundo”.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó en el año 2020 con las restricciones sanitarias de la pandemia.
“Durante estas condiciones fue que decidí ocupar mi tiempo y mi mente —si no, me iba a volver loco— en algo importante que sintiera que podía conducirme a una mejor calidad de vida, porque mi trabajo en el audiovisual —como muchos empleos— se vino abajo. Necesitaba aprender algo nuevo, ocupar mi mente en un futuro más próspero, por decirlo así, y comencé a estudiar chino en ese momento, durante la pandemia”, recordó el realizador.
El impulso del amor y la gran decisión
Pese a sus esfuerzos iniciales en Chile, la complejidad del idioma y las exigencias de la rutina laboral lo obligaron a suspender temporalmente el aprendizaje. El escenario cambió de forma definitiva a fines de 2024, cuando inició una relación sentimental con su actual pareja, quien ya había viajado a China y se encontraba buscando activamente postular a becas de estudio en ese país.
Frente a la inminente partida de ella en septiembre, Astudillo se vio enfrentado a una disyuntiva que resolvió de manera radical. “Yo tenía un empleo estable, ganaba buen dinero allá en Chile, estaba más o menos bien ubicado y en un momento, dije: ‘Si la estoy acompañando a hacer sus trámites, ¿por qué me voy a quedar acá, teniendo también la oportunidad de partir?’… En ese momento postulé a la universidad, tomé mis ahorros, vendí todas mis cosas y me vine a China“, rememoró.
Tras establecerse a inicios de septiembre en Shanghái, Nicolás califica la determinación como “la mejor decisión” que pudo haber tomado.
Contrastes con Chile
Aunque reconoce haber enfrentado episodios de soledad debido a la diferencia horaria con sus seres queridos y la frustración inicial de la barrera idiomática, Nicolás destaca que la seguridad y la tranquilidad cotidiana compensan con creces el desarraigo.
A pesar de vivir en un barrio de clase trabajadora —al que describe cariñosamente como el “Puente Alto de Shanghái”—, asegura que la delincuencia es inexistente. “Siento que Chile es mucho más punitivo que China. Es increíble la seguridad que hay en este país: poder dejar tus cosas en cualquier lugar y de salir a la hora que tú quieras, donde tú quieras, y no te va a pasar nada”, afirmó.
Actualmente, Astudillo se encuentra abocado al estudio del idioma a tiempo completo en la Universidad de Tongji y planea especializarse en el uso de inteligencia artificial generativa aplicada al cine, con miras a integrarse a largo plazo en el mercado asiático.
Su consejo para otros chilenos que evalúan seguir sus pasos es directo: “Lo primero, creo que es atreverse. Si de verdad te interesa conocer este país, hay que atreverse. Cuando uno toma la decisión de venir acá —ya sea en un formato de vacaciones, algún tema de negocios, por una búsqueda laboral o por una búsqueda del amor— hay que atreverse a hacerlo. Creo que es la mejor decisión que pueden tomar, pero también hay que venir con la mente muy abierta. Uno siempre tiene que comprender que no estás en tu país, no estás en tu cultura”, concluyó.
Ver esta publicación en Instagram