- Tras anunciar una campaña de firmas ciudadanas, el bioparque chileno activa los primeros engranajes de un mecanismo histórico de poder blando de Beijing.
- ¿Por qué la llegada de este emblema asiático depende exclusivamente de una alianza estratégica entre gobiernos y no de un trámite privado?
El Buin Zoo ha encendido los motores de una de las ambiciones más grandes de su historia: convertirse en el hogar de un panda gigante. El bioparque chileno inició una campaña de recolección de firmas ciudadanas para demostrar el interés del país ante las autoridades de Pekín.
Sin embargo, detrás de los exigentes requisitos técnicos y la necesidad de hectáreas de bambú, existe un engranaje político de nivel global: la “diplomacia del panda”.
¿De qué se trata este mecanismo y por qué la llegada de este mamífero depende exclusivamente de los lazos entre La Moneda y el Palacio del Pueblo?
El máximo símbolo de la “diplomacia blanda”
La diplomacia del panda (Xiongmao Waijiao) no es una estrategia nueva, pero sí una de las herramientas de soft power (poder blando) más efectivas del mundo. Desde los tiempos de la dinastía Tang (siglo VII), China ha utilizado a este emblemático y carismático animal como un regalo de buena voluntad.
En la era moderna, el hito que consolidó esta práctica ocurrió en 1972, cuando el presidente estadounidense Richard Nixon visitó China, y Mao Zedong le obsequió a la pareja Ling-Ling y Hsing-Hsing, marcando el deshielo de la Guerra Fría.
Hoy las reglas han cambiado. China ya no regala pandas; los entrega en la modalidad de “préstamo reembolsable” para la investigación científica y la conservación. Recibir un panda no es un acuerdo comercial con un zoológico; es un tratado de Estado.
China solo otorga estos animales a naciones con las que mantiene relaciones bilaterales de alta confianza, tratados comerciales de mutuo beneficio o alianzas estratégicas de largo plazo.
Actualmente, el préstamo de una pareja de pandas suele rondar el millón de dólares anuales, fondos que China destina íntegramente a la conservación de la especie en su hábitat natural en la provincia de Sichuan.
De Gobierno a Gobierno: Las gestiones chilenas
El director del Bioparque Buin Zoo, Ignacio Idalsoaga, reconoció que el principal desafío para cumplir este sueño -que comenzó a gestarse hace cinco años tras una visita al Zoológico de San Diego- no es técnico, sino diplomático.
“Ya tuvimos una reunión con el embajador de China (Niu Qingbao) para ver qué grado de acercamiento podríamos tener. Ahí volvimos a darnos cuenta de que sí, la embajada nos puede ayudar, pero son negociaciones que se hacen a un nivel en el que nosotros no podemos participar, porque son negociaciones de gobierno con gobierno“, señaló Idalsoaga en conversación con La Tercera.
El proyecto ya ha cruzado agendas políticas. En la administración anterior se conversó con el entonces canciller Alberto van Klaveren y, tras el último cambio de gabinete, el Buin Zoo ya inició los primeros contactos para retomar las conversaciones con el actual ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez-Mackenna. La recolección de firmas busca ser la “carta de presentación” ciudadana que Cancillería pueda exhibir ante Pekín como muestra de un interés nacional genuino.
El desafío logístico: Dos años de bambú previo
Si la diplomacia llega a puerto, el desafío técnico pasa a la cancha del Buin Zoo, que ya trabaja en el diseño preliminar del hábitat. Los pandas gigantes tienen un estándar de bienestar animal extremadamente exigente fiscalizado por la Asociación China de Conservación de la Vida Silvestre (CWCA).
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Infraestructura: El proyecto contempla un recinto que replique las condiciones naturales de Sichuan, con topografía adaptada, zonas climatizadas para el verano de la zona central de Chile y árboles para trepar.
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La dieta: Un panda adulto consume entre 12 y 38 kilos de bambú al día. Idalsoaga explicó que el zoológico requerirá una hectárea y media de cultivo exclusivo de bambú, un proceso agrícola que toma cerca de dos años para alcanzar el volumen y la calidad nutricional necesaria antes de que el animal pueda pisar suelo chileno.
La conservación como credencial
Chile tiene un argumento fuerte para convencer a Pekín: la experiencia del Buin Zoo en la preservación de fauna en peligro crítico. Solo este año, el parque celebró el nacimiento de tres crías de burro somalí, sumado a exitosos programas internacionales de reproducción de jirafas y rinocerontes.
Para China, que logró sacar al panda gigante de la lista de especies “en peligro” a “vulnerable” gracias a sus esfuerzos de reforestación, el rigor científico es clave para ceder a sus embajadores peludos.
Mientras las firmas se acumulan en el sitio web del Buin Zoo, la pelota queda en el terreno de la alta diplomacia. De concretarse, Chile se sumaría al selecto grupo de países que sellan su amistad histórica con China a través del mamífero más querido del planeta.