- El nuevo Libro Blanco propone reformar el sistema internacional mediante el multilateralismo, el desarrollo compartido y una mayor voz para el Sur Global.
- En un escenario de creciente incertidumbre, China busca consolidarse como un actor clave en la construcción del orden mundial del siglo XXI.
La humanidad atraviesa períodos complejos. Conflictos armados, tensiones geopolíticas, crisis climática, desaceleración económica y avances tecnológicos sin regulación suficiente forman parte de un escenario internacional cada vez más incierto. Frente a esta realidad, China ha decidido presentar una propuesta integral sobre cómo enfrentar estos desafíos y reformar el sistema internacional.
La reciente publicación de su Libro Blanco titulado “More Just and Equitable Global Governance: China’s Principles, Proposals and Actions” constituye probablemente uno de los documentos políticos más importantes publicados por Beijing en los últimos años. Más que una declaración diplomática, representa una hoja de ruta sobre la manera en que China entiende el futuro de la gobernanza global y el papel que desea desempeñar en ella.
El documento parte de una premisa clara: el sistema internacional enfrenta desafíos cada vez más complejos, pero no requiere ser reemplazado, sino reformado y fortalecido. En este sentido, China reafirma su apoyo al sistema de Naciones Unidas y plantea que la solución a los problemas globales pasa por fortalecer el multilateralismo y no por debilitarlo.
Como señala el propio texto: “El multilateralismo es el único camino viable hacia el futuro”.
La afirmación adquiere especial relevancia en una época marcada por el resurgimiento del proteccionismo, las guerras comerciales y la creciente tendencia de algunas potencias a actuar unilateralmente. China sostiene que problemas como el cambio climático, las pandemias, la seguridad alimentaria o la regulación de la inteligencia artificial no pueden ser resueltos por un solo país, por poderoso que sea.
Uno de los aspectos más interesantes del Libro Blanco es su defensa de la igualdad soberana entre los Estados. Beijing plantea que todos los países, independientemente de su tamaño o nivel de desarrollo, deben tener el mismo derecho a participar en la toma de decisiones internacionales.
La propuesta responde a una realidad cada vez más evidente: el mundo de 2026 es muy diferente al de 1945, cuando fueron creadas muchas de las instituciones que aún rigen el sistema internacional. El crecimiento económico de Asia, África y América Latina ha modificado significativamente la distribución global del poder.
El documento destaca que el Sur Global representa actualmente más del 60% de la economía mundial medida por paridad de poder adquisitivo y aporta cerca del 80% del crecimiento económico global.
Desde esta perspectiva, China considera necesario aumentar la representación de los países en desarrollo en organismos como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La idea central es que las instituciones internacionales deben reflejar las realidades actuales y no las correlaciones de fuerza de hace ocho décadas.
Otro eje fundamental del documento es el desarrollo. Mientras gran parte de la discusión internacional suele concentrarse en cuestiones militares o estratégicas, Beijing insiste en que el desarrollo sigue siendo la clave para resolver muchos de los problemas que afectan a la humanidad.
El Libro Blanco recuerda que “más de 830 millones de personas continúan viviendo en condiciones de pobreza extrema y que más de 2.300 millones sufren algún grado de inseguridad alimentaria”.
Desde la visión china, la gobernanza global debe centrarse en mejorar la calidad de vida de las personas y reducir las brechas entre países desarrollados y en desarrollo. Este enfoque explica la importancia que Beijing otorga a iniciativas como la Franja y la Ruta, la Iniciativa para el Desarrollo Global y los programas de cooperación Sur-Sur.
La visión china también destaca por su énfasis en la provisión de bienes públicos globales. El documento subraya la participación del país en operaciones de paz de Naciones Unidas, su apoyo al combate contra el cambio climático, la cooperación sanitaria internacional y los esfuerzos para impulsar una transición energética global.
En materia ambiental, las cifras son particularmente llamativas. China señala que ha construido el mayor sistema de energías renovables del mundo y que actualmente suministra alrededor del 70% de los equipos eólicos y el 80% de los paneles solares utilizados a nivel internacional. Además, estima que las exportaciones chinas de tecnologías limpias han contribuido a reducir miles de millones de toneladas de emisiones de carbono en otros países.
Este aspecto es especialmente relevante porque demuestra que el papel de China en la lucha contra el cambio climático ya no se limita a compromisos diplomáticos, sino que también se expresa en capacidades industriales concretas que benefician al resto del mundo.
Otro punto relevante es la propuesta china para las nuevas áreas de gobernanza global. La inteligencia artificial, el ciberespacio, el espacio exterior y la protección de datos aparecen como desafíos que requieren reglas internacionales más claras.
China plantea que estas nuevas fronteras no deben convertirse en escenarios de confrontación geopolítica, sino en espacios de cooperación internacional. En el caso de la inteligencia artificial, propone una gobernanza basada en principios éticos, seguridad y beneficio compartido para toda la humanidad.
El documento también resalta el papel de China como promotora del diálogo entre civilizaciones. Frente a las teorías que predicen choques culturales inevitables, Beijing sostiene que las diferencias entre pueblos y culturas pueden transformarse en una fuente de enriquecimiento mutuo.
Naturalmente, las propuestas contenidas en el Libro Blanco pueden generar debates y distintas interpretaciones. Sin embargo, resulta difícil ignorar que China se ha convertido en uno de los principales actores de la política internacional contemporánea y que sus ideas tienen una influencia creciente en amplios sectores del mundo.
Más allá de las diferencias políticas o ideológicas, el documento ofrece una reflexión profunda sobre algunos de los desafíos más importantes de nuestro tiempo.
En definitiva, el Libro Blanco transmite una idea sencilla pero poderosa: en un mundo cada vez más interdependiente, la cooperación resulta más necesaria que nunca. Como afirma el propio documento, la humanidad comparte un destino común y enfrenta desafíos que ningún país puede resolver por sí solo. En tiempos de incertidumbre global, ese mensaje merece ser escuchado.