- Una decisión adoptada en 1999 impulsó la expansión de la educación superior.
- El proceso abrió oportunidades para más familias y convirtió al país en un destino para estudiantes extranjeros.
En pocas décadas, China pasó de tener una educación superior al alcance de una pequeña parte de su población a contar con millones de estudiantes. La expansión acompañó la transformación económica del país y la necesidad de formar a más profesionales y trabajadores calificados.
En una nueva cápsula de Efecto China, Carla Morales, periodista del Instituto Confucio Santo Tomás, explicó el punto de partida: “En 1998, menos del 10% de los jóvenes en edad de cursar educación superior estaba incorporado a ese nivel de estudios en China”. Para la generación de los padres de muchos universitarios actuales, acceder a ese nivel educativo era una posibilidad bastante más limitada.
Una decisión que aceleró el cambio
El punto de inflexión llegó en 1999, cuando China decidió ampliar fuertemente el acceso a la educación superior para responder a las necesidades de una economía en modernización.
Según detalló Morales, ese año las universidades regulares admitieron cerca de 1,6 millones de nuevos estudiantes, aproximadamente 510 mil más que el año anterior. El incremento fue de casi un 50% en un solo año.
La expansión continuó durante las décadas siguientes. En 2023, la tasa bruta de matrícula en educación superior llegó al 60,2%, mientras que el número de estudiantes que cursaban distintas formas de ese nivel educativo superó los 47,6 millones.
El acceso universitario también está vinculado al gaokao, el examen nacional de admisión a la universidad, uno de los procesos de selección académica más masivos del mundo.
El crecimiento del sistema permitió que la formación superior se convirtiera en una alternativa para sectores más amplios de la población, aunque las oportunidades de acceso siguen siendo desiguales.
“La ampliación del sistema permitió que muchas más personas pudieran acceder a la educación superior, aunque eso no significa que hayan desaparecido las diferencias entre regiones o familias”, precisó la periodista.
Becas y apoyos para sostener el acceso
La apertura de más cupos también estuvo acompañada de mecanismos de apoyo económico para facilitar el ingreso y la permanencia de los estudiantes, mediante becas, subsidios y préstamos.
Morales destacó que, en 2018, el sistema de ayudas estudiantiles entregó apoyo en educación superior en más de 43 millones de casos, considerando sus distintas modalidades. La cifra corresponde a casos de apoyo y no necesariamente al mismo número de personas beneficiadas.
Un destino para estudiantes internacionales
Otra dimensión de esta transformación fue la llegada de alumnos extranjeros. En 2018 estudiaban en China más de 492 mil estudiantes provenientes de 196 países y territorios, de los cuales poco más de 63 mil recibían becas del Gobierno chino.
Cerca del 70% de quienes contaban con esas becas cursaba programas de máster o doctorado, de acuerdo con los antecedentes presentados en la cápsula.
“China no solamente amplió enormemente su sistema universitario para sus propios estudiantes, sino que también fue desarrollándose como destino de educación superior para jóvenes de otros países”, explicó Morales.
La periodista añadió que cada año estudiantes del Instituto Confucio Santo Tomás viajan al país asiático para especializarse. Estas oportunidades forman parte de los vínculos educativos entre Chile y China, abordados también en Efecto China.
Dàxué: una palabra para aprender
Morales vinculó este proceso con la experiencia chilena, donde la expansión de la educación superior ha permitido que más jóvenes cuyos padres no fueron a la universidad puedan acceder a ella. La diferencia, señaló, está en la escala y la velocidad de la transformación china.
La palabra de esta cápsula es 大学, dàxué, que significa “universidad”. El carácter 大, dà, significa “grande”, mientras que 学, xué, se relaciona con estudiar o aprender.